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 7 de:- Ramadán Versículo del Corán Dice Al-lah, Altísimo sea (lo que se interpreta en español): {¡Oh creyentes, haced tawba de forma sincera y correcta!} [Corán 66:8]   Hadiz De Abu Malik Al Hariz Ibn ‘Asim Al Ash’ari, Al-lah esté complacido con él que el Mensajero de Al-lah, sal-la Al-lahu 'alaihi wa Sal-lam, dijo: “La purificación es la mitad del imán y la expresión de agradecimiento ‘alhamdulillah’ llena la balanza; y las expresiones de ‘subhanAl-lah’ y ‘al hamdulillah’, llenan lo que hay entre los cielos y la tierra; la oración es luz; y la sádaqa una prueba de la fe del que la da; y en la paciencia los asuntos se ven más claros; y el Corán será una prueba a favor o en contra; y cada uno comienza el día como vendedor de sí mismo, liberándose o condenándose.” [Muslim]   Du'a al terminar de comer Alhamdulil-lahi hamdan kaziran taieban mubarikan fihi, gaira makfi wa la muwadda'in wa la mustagna 'anhu rabbuna. "La alabanza es para Al-lah muchas alabanzas buenas y bendita, que no cesa, ni tiene final y que es indispensable (para nosotros) Nuestro Señor."  Ocurrió un día como hoy en Ramadán  ·         Inauguración de la Mezquita y Universidad de Al Azhar, año 361 de la Hégira (22-06-972 d.C.) El 7 de:- Ramadán se realizó la primera oración en Al Azhar de la ciudad del Cairo, Egipto, inaugurando la Mezquita y la universidad más antigua del mundo con funcionamiento ininterrumpido.   ·         El Califato Fatimí traslada su capital al Cairo, año 362 de la Hégira (10-06-973 d.C.) El Califa Al Mui’z trasladó la capital del Califato Fatimí de Mahdiah, en Túnez, hacia el Cairo, Egipto.
Martes, Mayo 21, 2018
Ramadan 5, 1439

Dolor de cabeza durante el ayuno

Pregunta: Casi siempre tengo dolor de cabeza en especial cuando ayuno Respuesta: Querido hermano, Hay muchas razones por las cuales los dolores de cabeza se repiten continuamente, una de las principales es la jaqueca, el estrés mental, problemas de la vista, de las fos...

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Bienvenido Ramadán

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Ayuno y salud

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No es sólo un invitado

Martes 30/07/2012

 Cada año, con Ramadán en el horizonte, la mayoría de nosotros nos encontramos recibiendo un diluvio de correos, panfletos y sermones, que nos recuerdan su importancia. Algunos de los más útiles son aquellos que contienen consejos sobre cómo prepararse para este mes. Hay ideas que van desde hacer todo nuestro mercado y las compras para el ‘Id de antemano, hasta familiarizarse con el espíritu de Ramadán realizando ayunos voluntarios y recitando el Corán en casa.


Sin embargo, estas palabras que nos envían sobre “preparación”, parecen validar nuestra percepción de este mes como un invitado, pero uno muy importante. Por supuesto, Ramadán, que llega una vez cada año, es especial y distinto, y prepararnos para él significa que nos aseguremos de apreciar su magnanimidad. Por lo tanto, como hacemos antes de que lleguen unos visitantes importantes, ponemos lo mejor de nosotros para recibir Ramadán.
La desventaja de ello, sin embargo, es que implica nuestra vuelta atrás a nuestro modo “normal” tras la partida de cualquier extraño, y entonces vamos a hacer lo mismo cuando Ramadán se haya ido de nuestras vidas.
Es aquí, entonces, donde falla nuestra preparación. ¿Será que estamos tan consumidos por nuestros deberes de anfitriones que nos perdemos de disfrutar la compañía de nuestro invitado?


Ordenamos el desorden, literal y figurado, de nuestras vidas y hogares para prepararnos para este mes, y planificamos nuestras actividades reservadas exclusivamente para esta época –leer todo el Corán, visitar la mezquita con mayor frecuencia, y alimentar a los pobres. Y en cuanto vemos la luna de Ramadán, le damos una bienvenida amable y cálida que se traduce en los cambios de nuestros días y noches.
Sin embargo, y todos nos hemos dado cuenta de esto, hay algo que sucede una semana o más después. Comenzamos a volver a caer en nuestra recitación programada, las filas de orantes en la mezquita se acortan, y en lugar de hacer donaciones generosas nos encontramos calculando sólo el Zakat requerido.
Entonces, ¿qué es lo que ocurre? ¿Comenzamos viendo a Ramadán sólo como un invitado que ha abusado de nuestra acogida?


Pasado menos de un tercio del mes, nuestra preparación para su inicio comienza a apagarse y nuestro entusiasmo se desvanece. Empezamos a verlo como cualquier otra época del año. Quizás esto se debe a que todos nuestros preparativos y nuestra “hospitalidad” obedecen más a la cortesía y a la tradición que al amor y deseo verdaderos. Si no fuera así, seríamos como los Compañeros, que Al-lah esté complacido con ellos, quienes imploraban a Al-lah que les permitiera ser testigos de Ramadán con seis meses de antelación y no apenas unos días antes. Y por ello lo honraban en verdad, y luego pasaban la siguiente mitad del año rezando para que ese acto de adoración fuera aceptable para Él.


A medida que pasan los días comenzamos a darnos cuenta de que este invitado se quedará un poco más. Esa prisa por hacer de este mes algo especial comienza entonces a disiparse, y pensamos que todo lo que hemos decidido hacer puede posponerse para otro día, o tal vez indefinidamente. Y así, las oraciones extra que queríamos ofrecer se han aplazado para las últimas diez noches. La Sadaqah que pretendíamos dar quedará para la víspera del ‘Id. La perspectiva de que un Ramadán de sólo 29 días no nos afana para terminar la recitación de todo el Corán antes de que termine. Y en cuanto a nuestras vigilias de I’tikaf, pensamos que siempre habrá otro año. Esto no niega la sinceridad de nuestras buenas intenciones y nuestros planes pre Ramadán, pero los preparativos se mantendrán sólo si van acompañados de acciones concretas. Ellos sólo representarán remanentes de fe en nuestro interior que parpadean de vez en cuando para recordarnos que aún somos musulmanes, si sólo son reconocibles en este “limitado número de días” [Corán 2:184].


Lo más importante, es que necesitamos empezar a tratar a Ramadán no como un visitante de paso, sino como familia. Que sea un mes al que realmente tratamos con amor e inundamos con devoción. Y cuando la ocasión lo requiera, sin pretensiones, invirtamos en él con la atención especial que requiere. De cualquier forma, hay una coherencia en nuestra conducta, en términos de rectitud. Luego, cuando el mes se va, lo recordamos con cariño y nos mantenemos de tal forma que nos reconocerá cuando nos agracie de nuevo con su presencia.


Sólo así podremos disfrutar este “bendito mes que ha llegado” a nosotros, como algo más que un mero conocido [Tirmidhi]. Después de todo, Ramadán, y por extensión, el ayuno, es parte de lo que somos. No olvidemos que Al-lah dijo (lo que se interpreta en español): {Se os prescribió el ayuno al igual que a quienes os precedieron para que alcancéis la piedad.} [Corán 2:183].

 

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