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  13 de:- Ramadán Versículo del Corán Día Dice Al-lah, Altísimo sea (lo que se interpreta en español): {Y os probaremos hasta que se demuestre quiénes de vosotros son los muyahidin y quienes los pacientes.} [Corán 47:31]   Hadiz Ibn Mas’ud, Al-lah esté complacido con él, relató que el Mensajero de Al-lah, sallallaahu 'alayhi wa sallam:“No hay envidia (sana), excepto en dos casos: un hombre al que Al-lah hizo rico y gastó el dinero en corresponder a los derechos de Al-lah; y un hombre al que Al-lah dio la sabiduría y el conocimiento y actuó según él y lo enseñó.” [Bujari y Muslim]   Du’a al salir de casa Bismil-lahi tawak-kaltu 'ala Al-lah wa la haula wa la quwata il-la bil-lah. "En el nombre de Allah, me encomiendo en Allah, no hay fuerza ni poder salvo en Allah." Ocurrió un día como hoy en Ramadán  ·         Llegada de ‘Umar Ibn Al Jattab a Jerusalén y su conquista, año 15 de la Hégira (18-10-636 d.C.) Llega ‘Umar Ibn Al Jattab, que Al-lah Esté Complacido con él, a Palestina después de la campaña por la conquista de la Gran Siria (Sham). ‘Umar recibe las llaves de la ciudad de manos de los patriarcas y sacerdotes de la misma, y firma un acuerdo de paz con ellos respetando sus vidas y posesiones. ·         La gente de Córdoba le jura fidelidad a ‘Abdur-Rahman Bin Hisham, año 414 de la Hégira (28-11-1023 d.C.) La gente de Córdoba proclama Califa a ‘Abdur-Rahman Bin Hisham, apodado ‘Al Mustadh-hir bil-lah’. Su califato duró un mes y 17 días solamente. ·         Gobierno del Sultán Hasan Bin An-Nasir Muhammad Qalawun En el año 748 H/18-12-1347 d.C., Qalawun asume el liderazgo, aunque debido a su corta edad no contaba con poderes absolutos. El más sobresaliente monumento islámico de Egipto: la Escuela del Sultán Hasan. ·         Los musulmanes dominan Siracusa, año 264 de la Hégira (19-05-878 d.C.) Los musulmanes conquistan Siracusa en la isla de Sicilia.
Lunes, Mayo 27, 2018
Ramadan 11, 1439

El Corán: el camino hacia la salvación

El Libro de Al-lah es la lluvia que hace brotar la verdadera vida sobre la tierra. Doy testimonio que no hay nada ni nadie que merezca ser adorado, sino solamente Al-lah, Quien no tiene copartícipes ni iguales; el Señor de los Mensajeros, el Creador de los cielos y...

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Formas beneficiosas de reflexionar sobre el Corán

Dice Al-lah (lo que se interpreta en español): {Éste es el Libro bendito [el Sagrado Corán] que te revelamos [¡Oh, Muhammad!] para que mediten sobre sus preceptos, y recapaciten los dotados de intelecto.} [Corán 38:29] Reflexionar sobre el Cor&a...

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Ayuno y salud

El Islam llama a que la gente cuide de su salud y la preserve, ya que esta es una de las inversiones capitales de esta vida. El Profeta, sallallahu ‘alaihi wa sallam, nos dijo que el creyente fuerte es mejor y más querido para Al-lah que el débil. La raz&oacut...

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La sabiduría detrás del ayuno

Uno de los nombres de Al-lah es Al Hakim (el Infinitamente Sabio), Al-lah es infinitamente Sabio en lo que Decreta, en lo que Ordena, en lo que Prohíbe, en lo que Predestina y en lo que Legisla. Al-lah Puede Informar a la gente de la sabiduría detrás de cier...

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Cómo era el Qiam del Profeta, sallallahu ‘alayhi wa sallam, durante Ramadán

El Qiam (la oración voluntaria de la noche) es uno de los actos de adoración más recomendados, y se anima realizarlo más aún durante el mes de Ramadán. Abu Hurairah, que Al-lah Esté complacido con él, narró que el Men...

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No es sólo un invitado

Martes 30/07/2012

 Cada año, con Ramadán en el horizonte, la mayoría de nosotros nos encontramos recibiendo un diluvio de correos, panfletos y sermones, que nos recuerdan su importancia. Algunos de los más útiles son aquellos que contienen consejos sobre cómo prepararse para este mes. Hay ideas que van desde hacer todo nuestro mercado y las compras para el ‘Id de antemano, hasta familiarizarse con el espíritu de Ramadán realizando ayunos voluntarios y recitando el Corán en casa.


Sin embargo, estas palabras que nos envían sobre “preparación”, parecen validar nuestra percepción de este mes como un invitado, pero uno muy importante. Por supuesto, Ramadán, que llega una vez cada año, es especial y distinto, y prepararnos para él significa que nos aseguremos de apreciar su magnanimidad. Por lo tanto, como hacemos antes de que lleguen unos visitantes importantes, ponemos lo mejor de nosotros para recibir Ramadán.
La desventaja de ello, sin embargo, es que implica nuestra vuelta atrás a nuestro modo “normal” tras la partida de cualquier extraño, y entonces vamos a hacer lo mismo cuando Ramadán se haya ido de nuestras vidas.
Es aquí, entonces, donde falla nuestra preparación. ¿Será que estamos tan consumidos por nuestros deberes de anfitriones que nos perdemos de disfrutar la compañía de nuestro invitado?


Ordenamos el desorden, literal y figurado, de nuestras vidas y hogares para prepararnos para este mes, y planificamos nuestras actividades reservadas exclusivamente para esta época –leer todo el Corán, visitar la mezquita con mayor frecuencia, y alimentar a los pobres. Y en cuanto vemos la luna de Ramadán, le damos una bienvenida amable y cálida que se traduce en los cambios de nuestros días y noches.
Sin embargo, y todos nos hemos dado cuenta de esto, hay algo que sucede una semana o más después. Comenzamos a volver a caer en nuestra recitación programada, las filas de orantes en la mezquita se acortan, y en lugar de hacer donaciones generosas nos encontramos calculando sólo el Zakat requerido.
Entonces, ¿qué es lo que ocurre? ¿Comenzamos viendo a Ramadán sólo como un invitado que ha abusado de nuestra acogida?


Pasado menos de un tercio del mes, nuestra preparación para su inicio comienza a apagarse y nuestro entusiasmo se desvanece. Empezamos a verlo como cualquier otra época del año. Quizás esto se debe a que todos nuestros preparativos y nuestra “hospitalidad” obedecen más a la cortesía y a la tradición que al amor y deseo verdaderos. Si no fuera así, seríamos como los Compañeros, que Al-lah esté complacido con ellos, quienes imploraban a Al-lah que les permitiera ser testigos de Ramadán con seis meses de antelación y no apenas unos días antes. Y por ello lo honraban en verdad, y luego pasaban la siguiente mitad del año rezando para que ese acto de adoración fuera aceptable para Él.


A medida que pasan los días comenzamos a darnos cuenta de que este invitado se quedará un poco más. Esa prisa por hacer de este mes algo especial comienza entonces a disiparse, y pensamos que todo lo que hemos decidido hacer puede posponerse para otro día, o tal vez indefinidamente. Y así, las oraciones extra que queríamos ofrecer se han aplazado para las últimas diez noches. La Sadaqah que pretendíamos dar quedará para la víspera del ‘Id. La perspectiva de que un Ramadán de sólo 29 días no nos afana para terminar la recitación de todo el Corán antes de que termine. Y en cuanto a nuestras vigilias de I’tikaf, pensamos que siempre habrá otro año. Esto no niega la sinceridad de nuestras buenas intenciones y nuestros planes pre Ramadán, pero los preparativos se mantendrán sólo si van acompañados de acciones concretas. Ellos sólo representarán remanentes de fe en nuestro interior que parpadean de vez en cuando para recordarnos que aún somos musulmanes, si sólo son reconocibles en este “limitado número de días” [Corán 2:184].


Lo más importante, es que necesitamos empezar a tratar a Ramadán no como un visitante de paso, sino como familia. Que sea un mes al que realmente tratamos con amor e inundamos con devoción. Y cuando la ocasión lo requiera, sin pretensiones, invirtamos en él con la atención especial que requiere. De cualquier forma, hay una coherencia en nuestra conducta, en términos de rectitud. Luego, cuando el mes se va, lo recordamos con cariño y nos mantenemos de tal forma que nos reconocerá cuando nos agracie de nuevo con su presencia.


Sólo así podremos disfrutar este “bendito mes que ha llegado” a nosotros, como algo más que un mero conocido [Tirmidhi]. Después de todo, Ramadán, y por extensión, el ayuno, es parte de lo que somos. No olvidemos que Al-lah dijo (lo que se interpreta en español): {Se os prescribió el ayuno al igual que a quienes os precedieron para que alcancéis la piedad.} [Corán 2:183].

 

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